Los Sintrianos – Parte Tercera

Sala de Reuniones de Faranfar en el Palacio Circular Hora -2 AF (antes de fundación)

Pocas horas después el consejo ya había votado afirmativamente al proceso de reclutamiento. Solo un voto había osado llevar la contraria al mandato imperial. Claudius Rednar. Consejero más anciano de todos, proveniente de una de las familias más ricas y nobles de la capital, era el hombre del pueblo, el defensor de los más débiles de la sociedad, de los trabajadores de las plantas de producción y mineros de las explotaciones. Los defendía con ardor y toda su fuerza, porque creía en la causa de un imperio justo y perfecto para la humanidad y no para unos pocos afortunados. Por ello era admirado y querido por todos los sintrianos y muy odiado por el resto de consejeros y altos cargos de la política sintriana. Era un grano en el culo del gobernador y sus seguidores.

Todos los consejeros, junto sus adeptos, escribas y servidores se encontraban en una gran sala semicircular de un tono anaranjado en distintos palcos separados por continentes. En el centro se encontraba el palco del gobernador. Frente a los palcos, en la zona baja de la sala, un suelo también semicircular era el lugar designado para la oratoria y para que los consejeros se dirigieran al resto. En mosaico con piezas de vidrio esmeralda en adoquines pequeños, se dibujaba una escena de batalla entre dos grandes hombres y una bestia alada. Ahora encima de la criatura alada se encontraba el consejero Claudius.

– “Cobardes. Esta decisión va a traer la ruina a nuestro planeta.” Grito Claudius.

– “No teníamos opción. Es una orden imperial consejero Rednar.” argumento el gobernador.

– “Y un cuerno. El imperio somos nosotros. No pueden hacer lo que le plazca.”

– “Pueden y lo hacen, Claudius. Ya está tomada la decisión. “dijo el gobernador, bajando de su palco con paso lento y acercándose al anciano consejero e intentando echarle el brazo por encima como símbolo de amistad.

Claudius evito la mano con un giro de su cuerpo y se enfrento cara a cara al gobernador y al resto del consejo que estaba reunido en la sala de reuniones, donde colgaban tapices de grandes batallas antiguas y ya olvidadas y de héroes sin nombre.

– “El Imperio se ha vuelto contra sus propios hijos” susurro con tristeza Claudius.

– “No es tan malo, querido consejero. Todos tendremos nuestro pequeño beneficio” replico uno de los consejeros desde su palco.

– “¡OS HABEIS VENDIDO!” grito Claudius con ira en sus ojos y cerrando los puños llenos de agresividad.

– “No creo…” empezó a decir el gobernador cuando, en ese momento, las grandes puertas del salón de reuniones se comenzaron a abrir, produciendo un fuerte sonido que hizo a todos desviar la vista hacia ellas.

La delegación imperial apareció traspasándolas a paso firme y decidido.

Estaba encabezada por un hombre que claramente pertenecía al comisionado imperial y una mujer de apariencia elegante con una casaca en tonos rojos y marrones con mirada penetrante y rasgos del continente terraneo de Asiática. Detrás de estas dos figuras, escribas, tecnoadeptos, ayudantes y la guardia personal portando rifles inferno completaban hasta unos treinta miembros.

– “Bienvenido comisario Ades.” Saludo el gobernador Utrech.”

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