Los Sintrianos – Parte Segunda

Palacio Circular del Gobernador en Faranfar, capital de Sintria. Despacho del Gobernador.

– “Señores, me están pidiendo que me deshaga de quince mil de mis mejores hombres, que necesito para trabajar en nuestras minas y refinerías, para mandarlos lejos de aquí para luchar contra el enemigo del Imperio”.

– “No se lo pedimos, se lo ordenamos. Vera, como decírselo, si no es usted, será alguien que ocupara su puesto quien nos los proporcione. Tengo ordenes de crear aquí una nueva fundación de tropas sintrianas y embarcarlas hacia Umbrigde 144 y eso hare, en nombre del emperador y de Terra, cueste lo que cueste.”

– “Esto es inaudito. Necesito esos hombres para que trabajen aquí. Sin ellos, nuestras producción descenderá drásticamente y no podremos llegar a la cuota del diezmo imperial.”

– “Eso gobernador no es problema mío. Yo solo cumplo órdenes y espero por su bien y el de sus conciudadanos, no este negándose a una orden proveniente de Terra. ¿No se opone a la voluntad del emperador verdad, gobernador Utrech?

El gobernador sabía que el comisario tenía todo a su favor y que no podía hacer nada más a riesgo de arriesgar su pellejo. Era conocido por todos que el Imperio no era muy sutil a menudo con los gobiernos y planetas que se oponían a ellos o que solamente mostraban algún desacuerdo. La mano dura del Imperio era temida por todos.

– “Antes deberé convencer al consejo de ello.” Dijo con voz dubitativa y entrecortada el gobernador observando al comisario Ades con sus ojos saltones llenos de derrota.

– “Este planeta está regido por una democracia dirigida por el consejo de los 7 continentes. Son ellos los que deciden todo lo que ocurre en este planeta. Yo soy el portavoz y jefe elegido entre ellos.”

– “Deme sus nombres y le aseguro que votaran a su favor” afirmo el uniformado y engalanado comisario.

El gobernador, sin creer lo que estaba ocurriendo, comenzó a enumerar uno por uno los miembros del consejo, con nombre y apellidos. El servidor que acompañaba al comisario, apunto en una tablilla electrónica cada uno de los nombres.

Tras ello, el comisario se levanto del asiento y antes de salir y de espaldas al gobernador ordeno con voz severa:

– “Convoque su consejo para esta tarde. No tenemos tiempo que perder. Buenos días.”

El gobernador se quedo solo en su espaciosa y lúgubre sala. Se acerco a la cristalera de su sala y observo las fundiciones y fabricas que se extendían hacia el Norte. Su cabeza no podía pensar en otra cosa que no fuera las palabras de intimidación que el comisario acababa de decirle.

Después de llamar a su ayudante para que avisara a los miembros del consejo para celebrar la reunión de carácter urgente, suspiro hondamente y trago difícilmente una copa de licor fuerte.

“Ya no había marcha atrás”, pensó para sí.

Deja un comentario